El último pasaje

Tras siete años de exilio en distintos puntos de Europa (en siete años, 28 direcciones), el último pasaje de la vida de Walter Benjamin se halla en Portbou. Una muerte que ha sumado zonas oscuras e hipótesis diversas. Durante años, ni siquiera se conocía el lugar exacto del cementerio donde fue enterrado. A partir del año 1991, a raíz de la investigación previa al rodaje de la película La última frontera y la realización del Memorial de Dani Karavan, se localizaron los documentos oficiales en el Ayuntamiento de Portbou que permitieron disipar dudas acerca de cuáles fueron las circunstancias exactas de su muerte. No obstante, algunos interrogantes siguen abiertos. Los fragmentos que se reproducen forman parte del libro de Lisa Fittko Mi travesía de los Pirineos (Barcelona: El Aleph, 1988), en el cual esta activista que ayudó a cruzar la frontera pirenaica a numerosos refugiados, explica su travesía con Walter Benjamin. La crónica más completa sobre la muerte de Benjamin y la investigación de los distintos documentos se encuentra en el libro de Ingrid y Konrad Scheurmann: Para Walter Benjamin (3 volúmenes), edición en castellano, inglés y alemán, Bonn: AsKI i Inter Nationes, 1994.

Benjamin abandona París en mayo de 1940, pasa por Lourdes y a mediados de septiembre llega a Marsella, ciudad donde tiene amigos. Se encuentra con Hannah Arendt y su marido Heinrich Blücher, con Arthur Koestler y con Hans Fittko, viejo amigo que pone fin a las pocas esperanzas que le quedan de embarcar hacia los Estados Unidos. Le daré la dirección de mi mujer, que se ha establecido en Portvendres. Ella le ayudará. La única manera de salir de Francia es de forma clandestina a través de las montañas. Después de muchas dificultades, en Marsella consigue el visado del consulado americano que autoriza su entrada en los Estados Unidos, donde espera reencontrar a sus amigos Horkheimer y Adorno, y reanudar su trabajo para la Escuela de Frankfurt en América. Sólo existe una opción: alcanzar España a través de algún paso en los Pirineos, cruzar todo el territorio español hasta Portugal, y ahí embarcar hacia América. Este es el camino que siguen muchos exiliados.

Con el visado, Benjamin parte en tren hacia Portvendres acompañado de la fotógrafa Henny Gurland (quien más tarde, ya en los Estados Unidos, se casará con Erich Fromm) y de su hijo Joseph. Los ha conocido en Marsella tramitando el visado. Una vez en Portvendres, Lisa Fittko les cuenta que, según el alcalde de Banyuls, monsieur Azéma, antiguo socialista republicano, existe un sendero poco transitado que cruza la frontera y llega hasta Portbou. A pesar de las dificultades de la ruta y de su frágil salud (Benjamin tiene 48 años y está enfermo del corazón), es la únida salida posible.

 La tarde del 24 de septiembre, discretamente, Lisa Fittko, Walter Benjamin, Henny Gurland y su hijo Joseph, realizan una prospección del camino. Benjamin, muy fatigado, decide pasar la noche a la intemperie, no se ve con fuerzas suficientes para regresar a Banyuls y efectuar de nuevo la misma ascensión el día siguiente. Pasa la noche, solo, en una zona de pinos. A primera hora de la mañana del 25 de septiembre, Lisa, Henny y Joseph inician el camino hasta reencontrarse con Walter. El alcalde Azéma había insistido que marchasen muy temprano, antes que saliese el sol, y que intentasen mezclarse con la gente que iba a trabajar en los viñedos. Sobre todo no habléis, para no delatar vuestra condición. Y así lo hacen. El camino, que empieza llano, se hace más escarpado. El concepto de camino se convierte, cada vez más, en una exageración. De vez en cuando encontrábamos un sendero, pero en general era más bien una especie de senda cubierta de piedras. Hasta que llegamos a un viñedo escarpado y vertical que jamás podré olvidar. Era el último viñedo. A partir de ahí, el camino se convierte en una ascensión pedregosa por la zona umbría de la montaña. Benjamin ha calculado que, en su estado de salud, para poder efectuar la ruta, cada 10 minutos debe descansar un minuto, decisión que cumple estrictamente, concentrado en el reloj y en los descansos. En el último tramo, sus compañeros de ruta deben ayudarlo. Al cabo de unas horas, llegan a la cima. Por fin habíamos llegado a la cima. Yo me había avanzado y me detuve a mirar. Lo que vi me pareció fruto de una especie de alucinación: de forma inesperada volvía a ver el mar, azul oscuro. Y ahí abajo estaba Portbou. En este punto, Lisa Fittko se despide. Para ella, esta ha sido la primera travesía por una ruta que repetirá sucesivamente acompañando a exiliados. Ellos, siguen el descenso hasta Portbou.

En Portbou son visibles aún los efectos de la Guerra Civil, finalizada 19 meses antes. Los bombardeos fueron especialmente destructivos en esta población fronteriza. Una vez en Portbou, se presentan en la comisaría de policía, situada en la estación, donde no se les permite su entrada en territorio español. Serán entregados a las autoridades francesas al día siguiente, con lo que esto conlleva: la consecuente deportación a las autoridades alemanas. Esa noche, y bajo vigilancia policial, se alojan en el hotel Francia, un hostal actualmente cerrado. Benjamin, en la habitación número 3 y después de realizar algunas llamadas, toma una fuerte dosis de morfina (la lleva junto a él desde Marsella) y al día siguiente por la mañana, encuentran su cuerpo muerto encima de la cama. Es el 26 de septiembre de 1940. Tenía 48 años.

Si hubiesen llegado un día antes, hubieran obtenido el permiso de entrada al territorio español. Precisamente ese mismo día había llegado un cambio de órdenes. Si hubiesen tardado un día más, probablemente tampoco los hubiesen detenido, o como mínimo, a los compañeros de viaje de Walter Benjamin se les permitió seguir el camino, aunque quizá tuvo algo que ver en esa decisión el impacto que causó en las autoridades policiales del pueblo la muerte del señor alemán. Al cabo de unos días, embarcaban hacia América.

Benjamin dejó una maleta con una pequeña cantidad de dólares y francos, que fueron cambiados para sufragar los gastos del entierro, cuatro días más tarde. En la documentación del juez, consta que sus posesiones eran una maleta de piel, un reloj de oro, una pipa, un pasaporte expedido en Marsella por el American Foreign Service, seis fotografías carnet, una radiografía, gafas, revistas, diversas cartas, y unos cuantos papeles de contenido desconocido, y también algo de dinero. Y en el certificado médico de defunción se lee Hemorragia cerebral. Walter Benjamin, probablemente por una confusión y sin conocer su identidad, fue enterrado el 28 de septiembre en la zona católica del cementerio de Portbou, en un nicho de alquiler (el 563). En el verano de 1945, sus restos mortales fueron trasladados a la fosa común.

En el mes de octubre de 1940, cuatro meses más tarde de la muerte de Benjamin, Max Horkheimer solicitaba por carta a las autoridades locales detalles precisos sobre la muerte de aquel alemán, con lo cual daba ya pistas sobre su identidad. Obtuvo respuesta de la muerte, por crisis cardíaca del señor Walter, y de los papeles (algunos pocos papeles) que llevaba. Un año después, en octubre, Hannah Arendt visitó Portbou con la intención de rendir homenaje al amigo muerto. Pero no encontró en el cementerio ninguna lápida con su nombre inscrito y nadie supo informarle. Así lo explicaba en una carta a Gershom Scholem: No he encontrado nada; en ningún lugar había su nombre.

Walter Benjamin, en Portbou, acabó con siete años de exilio y con la posibilidad de un futuro nuevo en América. Si en el pueblo, la muerte del viajero extranjero se tiñió de leyenda, para otros, un final libremente escogido, se convertía en la rebelión más auténtica contra el terror nacionalsocialista por parte de quien había sido uno de los pensadores más lúcidos de la modernidad. Sin embargo, en la muerte de Benjamin, nada se halla definitivamente cerrado. Existe un hipótesis que defiende que Benjamin fue asesinado por agentes estalinistas (los argumentos completos de esta hipótesis están recopilados en el artículo de Stuart Jeffries, Did Stalin Killers liquidate Walter Benjamin (The Observer, 8 de julio de 2003). Por otro lado, la compañera de ruta, Lisa Fittko, que murió en el año 2005, siempre había hablado de una maleta con un manuscrito que Benjamin custodió durante el viaje como un tesoro de gran valor. ¿Contenía un último manuscrito? La maleta no se ha encontrado nunca, se desconoce su destino. Aun así, en el acta del juez donde se detallan los bienes, no consta ningún manuscrito.