Angelus Novus

Angelus Novus es una acuarela pintada por Paul Klee en el 1920 que Walter Benjamin adquirió ese mismo año y que adoptó como emblema de su trabajo. En la tradición hebrea, según el Talmud, un ángel nuevo es una criatura creada para cantar un cántico nuevo. Según el cristianismo, según la teología escolástica medieval, un ángel no es un individuo, sinó una especie entera, que en él se extingue.

Si la dimensión intelectual de una mente puede medirse por las puertas que abre, la de Walter Benjamin es extraordinaria: uno de los grandes pensadores de la modernidad. Benjamin ha abierto nuevas vías en los estudios literarios, la estética y la teoría del arte, la sociología y los estudios sociales, la filosofía y la historia. Sus conceptos e intuiciones han iluminado gran parte de la reflexión del presente: exilio y memoria, arte e imagen, crítica, lenguaje, ciudad y vida urbana... En la placa del cementerio de Portbou se lee: filósofo alemán. Dos de sus grandes amigos, el filósofo Theodor Adorno y el matemático Gershom Scholem, estarían de acuerdo. En cambio, Hannah Arendt discreparía: para esta pensadora y amiga de Benjamin, era un escritor creativo (un dichter). Ensayista, crítico literario, colaborador de la escuela de Frankfurt, marxista no ortodoxo, traductor de Balzac, Proust y Baudelaire, sin ningún reconocimiento académico ni público en vida, Walter Benjamin se anticipó como pocos a lo que sería el destino del siglo XX. Pensador de frontera, en todos los sentidos, tanto por los temas abordados y la solución intelectual propuesta, como por su relación con la escritura y el lenguaje.

Escritor de escritores, trabajó con una forma de discurso propia, fragmentaria, inacabada y sin voluntad sistemática. Benjamin fue capaz de transitar a través de muchas escrituras diferentes (poética, académica, aforística...), inventando incluso  géneros nuevos, como las cartas con comentarios breves o el monumental archivo de citas e imágenes que configura el Libro de los Pasajes. Él mismo afirmaba de Proust, refiriéndose a la multiplicidad de los estilos de este escritor: Todas las grandes obras de la literatura fundan o disuelven un género: en una palabra, son casos especiales. Benjamin escribió cada frase como si fuese la primera. O la última.

Profesionalmente, tuvo una subsistencia escasa. No obtuvo la habilitación académica que le hubiese dado acceso a la docencia universitaria y sólo pudo ver publicados cinco de sus numerosos textos. Mantenido durante un tiempo por su familia paterna y después por su mujer, escribió muchos artículos de crítica literaria (en la prensa, principalmente en la Frankfurter Zeitung y en la revista de Rowohlt hasta alrededor de 1933), guiones radiofónicos (85 emisiones entre los años 1929 y 1933) y proyectó un futuro como periodista, traductor y crítico literario que no llegó a desarrollar. Renunció también al trabajo político, a pesar de sus dudas de ingresar en el Partido Comunista Alemán y su viaje a Rusia a finales de 1926. En los años en París, una ayuda del Institut für Sozialforschung en el exilio, gestionado por Adorno, alivió su situación, una ayuda que en los Estados Unidos debía regularizarse. Aún así, su relación con el marxismo crítico no fue fácil: su heterodoxia era excesiva incluso para el marxismo poco ortodoxo.

Resulta difícil abrir una revista de pensamiento sin ver citado a este pensador de la modernidad que en vida no tuvo ningún tipo de reconocimiento. De hecho, no lo obtuvo hasta la década de 1960 y 1970. Desde entonces, su capacidad de interpelar lectores no ha cesado de aumentar. Pensador de frontera que firmó, entre otros nombres, como Angelus Novus; escritor de escrituras con una extraordinaria capacidad de llevar el lenguaje y el pensamiento hasta sus propios límites, su lucidez intelectual interpretó la historia cultural europea en términos nuevos y se anticipó a lo que sería el hado del siglo XX. Una de las mentes más lúcidas de la modernidad.